Recién comenzaba el semestre y el rumor ya se había esparcido entre los pasillos de la facultad: Gerardo, el nuevo profesor de filosofía, era toda una tentación para cualquiera que sintiera atracción hacia hombres. Y es que con sus 36 años no era ni tan joven ni tan viejo, soltero, guapo, estatura media, en fin, vanidades aquí y allá que mucho bien hacen si de coger se trata. Tenía un aire de misterio que lo hacía aún más interesante. Le daba un aire al famoso profesor, de la Casa de Papel
Julia, con sus cuarenta años bien llevados, una seguridad arrolladora y una curiosidad que muchas veces la había metido en serios conflictos, no tardó en escuchar los rumores y de inmediato quiso comprobar por si misma.
Ella era el estereotipo de maestra sexy, y lo sabia muy bien. Le gustaba andar por los pasillos de la facultad siempre aparentando estar ocupada aún en los recesos entre clases. Disfrutaba en silencio de las miradas lascivas por parte de estudiantes que, entre risillas discretas, se sentían tentados por sus pronunciados escotes que mostraban un par de pechos no muy grandes, pero eso si, muy hermosos. Algunas veces que usaba falda, se permitía llevar debajo solo una diminuta y coqueta tanga que permitía ver el comienzo de sus nalgas cuando subía al segundo piso de la facultad.
Lo vio por primera vez en la sala de profesores, concentrado hojeando un libro. Llevaba una camisa azul arremangada hasta los codos y unas gafas que se quitaba y ponía pausadamente mientras reflexionaba para su próxima clase. Era el tipo de hombre que encajaba perfectamente en sus fantasías.
Se acercó con su encantadora sonrisa mientras abría un poco mas su blusa.
—Tú debes ser el nuevo —dijo, inclinándose ligeramente sobre la mesa para que su escote trabajara a su favor—. Bienvenido a la jungla.
Él levantó la mirada y sonrió, respetuoso y seguro de si.
—Gracias… Julia, ¿cierto? He escuchado de ti.
—Espero que cosas interesantes, a la gente le gusta mucho hablar.
—¡De hecho!
Ella soltó una risa entre juguetona y al mismo tiempo desconcertada. Le encantaba cuando intentaban jugar con ella. Y Gerardo si que la había sorprendido.
Durante semanas, Julia fue aumentando la tensión con pequeños encuentros casuales, roces sutiles, conversaciones con doble sentido en la cafetería. Disfrutaba la caza, y estaba saboreando cuando llegara el momento de atacar.
Una noche, después de un evento académico, lo encontró en el estacionamiento, apoyado contra su auto revisando el celular. Se acercó con determinación.
—¿Necesitas un aventón, profesor? —preguntó con tono inocente.
Él la miró y sonrió con aquel mismo gesto inicial en la sala de maestros. No dijo nada, solo abrió la puerta del asiento trasero y ella entendió la invitación.
Adentro, la tensión acumulada se rompió en cuanto él tomó su rostro y la besó con una mezcla de deseo apasionado y ternura. Sus manos exploraron desde su cara, cuello, nuca y todo su cuerpo con la torpeza de la urgencia y lo limitado del espacio dentro del coche, desabrochando botones y deslizando telas. Julia gimió contra sus labios cuando él bajó por su cuello y dejó un rastro de besos húmedos hasta detenerse unos instantes a mordisquear uno de sus pesones.
Las manos de ella encontraron su cinturón y lo desabrocharon con la misma destreza con la que manejaba una clase llena de alumnos distraídos. Él deslizó la falda de Julia por sus muslos hasta su cintura y dos de sus dedos se detuvieron a explorar la humedad cálida de su vulva, soltando ella unos cuantos jadeos.
Gerardo hizo un movimiento hábil con sus caderas para bajar su pantalón hasta sus tobillos dejando libre una erección hermosa. Cuando Julia tuvo a la vista por fin ese pene sintió unas ganas tremendas de saborearlo. Unas ganas que iban desde su boca hasta su vulva que cada vez estaba mas mojada.
No pudo contenerse mucho tiempo y se colocó de rodillas en el asiento para darle a Gerardo la mamada de su vida. Comenzó a acariciar el falo de su colega con su mano, desde el tronco hasta los huevos, y se inclino un poco mas cuando comenzó a degustar con la punta de su lengua el liquido transparente y viscoso que chorreaba desde la uretra hacia el frenillo. De pronto sin previo aviso, engulló el pene completo hasta sentirlo tocar su garganta y lo sacó por completo, así un par de veces llenándolo de saliva mientras Gerardo gemía como loco de placer.
Ambos estaban tan absortos de placer que ninguno se percato que el culo de Julia, que daba directo a la ventana del coche, había llamado ya la atención de un grupo de jóvenes que habían salido a escondidas del director al estacionamiento por un cigarrillo.
Estaba disfrutando sumamente excitada de sentir el pene de Gerardo deslizarse hasta su garganta mientras sacaba su lengua para lamer los huevos. Sus movimientos no eran acelerados, mas bien eran suaves, lentos, no quería perderse un solo pedacito de piel. Sentía dentro de su boca como esa verga se ponía mas dura cada vez cuando la saco brevemente para ver la cara de placer de Gerardo. Eso le ponía aun mas cachonda.
¡Vaya sorpresa que se llevo! Cuando levantó la cara, de reojo se percato que el coche estaba rodeado de estudiantes. Estaban disfrutando en silencio de una escena sacada del cine porno completamente en vivo.
—¡Méteme los dedos! —dijo sabiendo que al voltear, Gerardo se daría cuenta de que tenían a un publico maravilloso que entretener. Y así fue.
A decir verdad, ninguno se sobresalto.
Ella volvió a engullir el pene de Gerardo mientras él acarició con ímpetu la vulva y el clitoris de Julia y metió dos dedos. Comenzó a mover la cadera en círculos marcando el ritmo en que quería ser masturbada. Sabia del deseo y lujuria que despertaba en los estudiantes en los pasillos de la facultad pero ser observada así, en pleno encuentro con Gerardo, la llevo rápidamente al primero de sus orgasmos. Era tanta su excitación que soltó un chorro de squirt que dio justo en la ventana. Por supuesto que no quería perderse la cara de los mirones. Levantó la mirada entre gemidos y gritos de placer. Saberse objeto de deseo de todos esos estudiantes era sumamente placentero.
Pero no nos olvidemos de Gerardo, que observaba también con toda su atención toda la escena desde el mejor ángulo mientras con su otra mano jugaba con la saliva que Julia había dejado en su pene.
No espero mucho tiempo después del chorro de squirt para tomarla y atraerla a sí para penetrarla. Ella se montó mientras él con sus manos abría sus nalgas y labios de la vulva. Estando tan lubricada sintió como aquel pene se abrió camino fácilmente dentro de ella y dio hasta el fondo.
No cambiaron el ritmo, aunque si la intensidad. Comenzó a dar sentones mientras Gerardo la apretaba de la cadera y nalgas empujando mas al fondo su pelvis penetrando con fuerza. De cuando en cuando, Julia hacia contacto visual con uno que otro estudiante por el vidrio trasero.
Sintió nacer desde su interior un calor proveniente del pene dentro de ella que comenzó a expandirse por su cuerpo mientras Gerardo aumentaba la velocidad de las embestidas.
De pronto, un chorro caliente de semen la baño por dentro junto con un grito de placer que hizo voltear la mirada atónita de los demás profesores en la sala, incluyendo la de Gerardo.
Se había quedado dormida en la sala de maestros y sus deseos hacia el profesor de filosofía, la habían traicionado en sueños.
—¡Oops! —dijo llevándose una mano a la boca con una sonrisa traviesa

Soy sexólogo y psicoterapeuta de parejas. Escribo para despertar emociones, cuestionar ideas y conectar con las dimensiones más íntimas de la experiencia humana.
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